Liderar en el tercer sector
Tú ya estás convencida. Ahora hay que convencer a la junta
Es el obstáculo del que menos se habla y el que más proyectos frena. No es un problema de argumentos: es que necesitas material con el que convencer a cinco personas más en una reunión de martes por la tarde.
Casi todas las conversaciones que tenemos con alguien que lidera una entidad terminan igual: «a mí me convence, pero tengo que llevarlo a la junta». Y ahí es donde mueren la mayoría de los proyectos europeos que nunca llegan a presentarse.
No porque la junta sea un obstáculo. Al revés: una junta que hace preguntas incómodas está haciendo su trabajo. El problema es que casi nadie llega a esa reunión con las respuestas preparadas, y sin respuestas la decisión por defecto siempre es esperar.
Las cinco preguntas que van a salir
Después de unos cuantos años viendo esta película, son casi siempre las mismas cinco. Si las llevas respondidas, la reunión dura veinte minutos.
1 · «¿Cuánto nos cuesta esto?»
Es la primera y es legítima. Aquí conviene separar dos cosas que la gente mezcla: lo que cuesta preparar la solicitud y lo que cuesta ejecutar el proyecto si sale.
El proyecto, si se aprueba, viene financiado — eso es todo el sentido del programa. Lo que hay que mirar de verdad es la tesorería: muchas acciones adelantan una parte importante al firmar el convenio, pero no todo, así que la entidad tiene que poder sostener el desfase. Ese número concreto es el que la junta necesita ver.
2 · «¿Y si nos lo deniegan? Habremos perdido el tiempo»
Respuesta honesta: puede pasar, y pasa. Lo que conviene explicar es que una denegación viene con un informe de evaluación que dice exactamente qué falló, y que ese informe convierte la segunda solicitud en un ejercicio mucho más fácil. En las acciones con dos rondas al año, se puede volver a presentar en meses.
Dicho de otro modo: el primer intento casi nunca es tiempo perdido, es la curva de aprendizaje pagada por adelantado.
3 · «¿Quién va a hacer todo ese trabajo?»
La pregunta buena, y la que hay que responder con nombres y horas, no con voluntad. Si la respuesta es «ya nos organizaremos», la junta tiene razón en frenar. Si la respuesta es «Marta puede dedicarle cuatro horas semanales y la parte técnica va fuera», la conversación es otra.
4 · «¿Esto nos desvía de nuestra misión?»
Es la pregunta más importante y la que menos se prepara. Un proyecto europeo que no sirve a lo que ya hacéis es una distracción cara, por mucho dinero que traiga. Un proyecto que amplía lo que ya hacéis con la gente a la que ya acompañáis es otra cosa.
Llevar esto claro a la reunión cambia el tono entero: dejas de proponer «pedir una subvención europea» y pasas a proponer «hacer lo de siempre con más alcance».
5 · «¿Y la responsabilidad de quién es?»
En una junta directiva esta pregunta se hace en voz baja pero se hace. Conviene saber que la responsabilidad de la ejecución y de la justificación es de la entidad, y que por eso el trabajo de recoger evidencias empieza el primer día del proyecto y no el último mes. Decirlo tú antes de que lo pregunten genera más confianza que cualquier promesa.
El documento de dos páginas
Lo que mejor funciona no es una presentación bonita: es un documento corto que se pueda leer en voz alta en la reunión y que se pueda reenviar por correo a quien no fue. Debe caber en dos páginas y llevar esto:
- Qué proyecto es y a quién de los nuestros llega
- Qué cuesta ejecutarlo y qué desfase de tesorería implica
- Quién lo sostiene, con nombre y con horas
- Qué pasa si nos lo deniegan
- Qué plazo hay y qué decisión se pide hoy exactamente
Si el documento solo funciona porque tú lo explicas, está a medio hacer. Tiene que aguantar que alguien lo lea solo, en su casa, un domingo.
Un argumento que suele desatascar
Cuando la junta está dividida, lo que más ayuda no es insistir en el dinero: es enseñar una entidad parecida a la vuestra que ya lo hizo. No una ONG grande — una asociación reconociblemente del mismo tamaño y del mismo tipo de trabajo.
Funciona porque desmonta la objeción real, que casi nunca se dice en voz alta: «esto no es para organizaciones como la nuestra».
El paso que puedes dar sin nosotros
Antes de la próxima reunión, escribe las cinco preguntas de arriba en un folio y respóndelas tú sola, con números donde haga falta. Las que no sepas responder son exactamente el trabajo que queda por hacer — y probablemente la junta tenga razón en esperar hasta que estén resueltas.
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