Construir a largo plazo

Un proyecto europeo para consolidar una red, no para pagar un evento

Hay entidades que llevan cinco proyectos y siguen igual que al principio, y entidades que con dos han construido algo que ya no depende de ninguna convocatoria. La diferencia no es el dinero: es para qué se usó.

La respuesta corta

Un proyecto de cooperación puede usarse para financiar una actividad puntual o para consolidar una red que ya existe de forma frágil. La segunda opción produce algo que sobrevive al proyecto: encuentros periódicos, un método común y relaciones de trabajo asentadas. Para eso hay que diseñarlo así desde la solicitud, no descubrirlo al final.

Hay una frase que resume todo este artículo, y la dijo alguien de una red europea dedicada a la sostenibilidad cuando le preguntaron qué les había aportado su proyecto de cooperación:

«El proyecto nos ayudó a consolidar la comunidad

No dijo que les financió unas actividades. No dijo que les permitió viajar. Dijo consolidar la comunidad. Y esa diferencia es la que separa a las entidades que llevan cinco proyectos y siguen igual de las que con dos han construido algo que ya no depende de ninguna convocatoria.

La frase que cambia el planteamiento

La mayoría de los proyectos de cooperación se plantean al revés. Se piensa en una actividad —un encuentro, una formación, una publicación— y después se busca cómo financiarla.

Funciona, y produce exactamente lo que se pidió: esa actividad. Cuando acaba, se acabó.

El otro planteamiento parte de una pregunta distinta: ¿qué relación queremos que exista dentro de dos años, y qué actividades harían falta para que exista? Las actividades siguen siendo las mismas sobre el papel. Lo que cambia es el criterio con el que se diseñan, y eso lo cambia todo.

Por qué se deshacen las redes

Casi todas las redes de entidades sociales que existen sobre el papel no existen en la práctica. Y se deshacen siempre por las mismas tres razones, ninguna de las cuales es falta de ganas:

  • Nadie tiene tiempo pagado para sostenerlas. Una red se sostiene con trabajo de coordinación —convocar, recordar, hacer actas, dar seguimiento— y ese trabajo no lo hace nadie gratis durante mucho tiempo.
  • La gente no se ve. Las relaciones de trabajo entre organizaciones de países distintos se degradan rápido si solo hay videollamadas. Verse en persona una o dos veces al año no es un lujo: es lo que hace que la red aguante.
  • No hay nada común que hacer. Una red sin un trabajo concreto compartido es una lista de correo.

Fijaos en que las tres son problemas de recursos, no de voluntad. Y las tres son exactamente lo que un proyecto de cooperación puede financiar.

Qué puede financiar realmente un proyecto de cooperación

No existe una acción que se llame «financiar vuestra red». Lo que existe es la posibilidad de financiar las actividades que hacen que una red exista:

  • Encuentros presenciales periódicos entre las entidades socias. Que la gente se vea.
  • Formación conjunta, que además de formar produce lenguaje común, que es lo que después permite trabajar deprisa.
  • Un método o unos materiales compartidos: un protocolo, una guía, una metodología que todas usen. Eso es lo que convierte a un grupo de entidades amigas en algo que funciona igual en cinco países.
  • Tiempo de coordinación. La parte menos glamurosa y la más decisiva.

Si vuestro proyecto financia esas cuatro cosas, cuando termine tendréis una red. Si financia un evento espectacular, cuando termine tendréis fotos de un evento espectacular.

Cruzar dos temas en lugar de defender uno

Un apunte de diseño que funciona y que se ve poco.

En lugar de presentar un proyecto sobre un solo asunto, cruzad dos. Sostenibilidad y comunidad. Deporte e integración social. Medio ambiente y salud mental.

Hace tres cosas a la vez:

  1. Salen más ideas de actividad. Un tema solo se agota; dos se combinan y multiplican.
  2. Diferencia el proyecto de los otros doscientos de la convocatoria, que hablan del mismo asunto de la misma manera.
  3. Encaja con más de una prioridad del programa sin forzar nada, porque de verdad toca las dos.

La red del ejemplo que abre este artículo es justamente eso: sostenibilidad cruzada con experiencias comunitarias. Ninguno de los dos temas por separado habría producido lo mismo.

Qué queda cuando se acaba el dinero

Este es el apartado de la solicitud que más se despacha con generalidades y el que mejor distingue un proyecto pensado de uno improvisado. Se llama sostenibilidad, y la pregunta real que hace es: ¿qué pasa con esto cuando dejemos de pagarlo?

Las respuestas que no valen: «seguiremos en contacto», «buscaremos nueva financiación», «los materiales quedarán disponibles». La primera no es un plan, la segunda es depender otra vez de lo mismo y la tercera es un archivo en una web.

Las que sí valen tienen esta forma:

  • Algo que sigue pasando y que cuesta poco. Un encuentro anual que cada entidad se paga, una llamada trimestral, un intercambio de personas voluntarias entre las organizaciones.
  • Algo incorporado al trabajo de cada entidad. Si el método común se ha metido dentro de lo que ya hacen, sigue vivo aunque la red no se reúna.
  • Un reparto claro de quién sostiene qué. Con nombres. Una red donde todos son responsables es una red donde no lo es nadie.

Y lo que de verdad sobrevive, aunque no se pueda escribir así en un formulario: las personas concretas de cada entidad que ahora se conocen, se fían las unas de las otras y se escriben cuando tienen un problema. Eso no se justifica, no puntúa y es lo único que queda de verdad.

Preguntas que nos hacen sobre esto

¿Se puede financiar una red con un proyecto Erasmus+?

No existe una acción llamada «financiar una red», pero sí se pueden financiar las actividades que hacen que una red exista: encuentros, formación conjunta, materiales comunes y trabajo de coordinación entre entidades de varios países.

¿Qué modalidad conviene para empezar?

Para una red incipiente, la modalidad de asociaciones a pequeña escala suele encajar mejor: menos socios, menos duración y una exigencia proporcional. Las asociaciones de cooperación grandes tienen sentido cuando la red ya funciona.

¿Qué pasa con la red cuando acaba el proyecto?

Es exactamente lo que hay que responder en la solicitud, en el apartado de sostenibilidad, y es donde más se distingue un proyecto pensado de uno improvisado. Si la respuesta depende de conseguir otro proyecto, la red no es una red.

¿Es mejor un proyecto sobre un solo tema o sobre dos?

Cruzar dos temas suele funcionar bien: genera más ideas de actividad, diferencia el proyecto de los demás de la convocatoria y encaja con más de una prioridad del programa sin forzar nada.

El paso que puedes dar hoy sin nosotros

Escribid los nombres de las entidades con las que tenéis relación de verdad, no de las que os siguen en redes. Si salen tres o más y todas trabajan en algo parecido, ya tenéis una red incipiente — y probablemente no lo sabíais.

El vídeo entero, gratis y sin registro

How to create an Eco-villages Network in Europe — Interviewing Simone from Yes To Sustainability · 18 minutos · Verlo en YouTube · El canal

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