Contar lo que pasa
Un resultado concreto, y cómo contarlo sin prometer de más
Tenéis un caso bueno: alguien que pasó por vuestras actividades y le fue bien. Es el material más valioso que existe para una entidad y también el más fácil de estropear. La diferencia está en una palabra.
La respuesta corta
Un caso individual con buen resultado es una prueba de que algo es posible, no de que sea lo habitual. Contarlo bien significa dar el dato concreto, decir cuántas personas más lo consiguieron y no convertirlo en una promesa. Es la diferencia entre una memoria que se cree y un folleto que nadie se cree.
Una persona participa en varios intercambios juveniles. En cada uno pasa una semana funcionando en inglés con gente de seis países. Su nivel mejora hasta un punto que ningún curso le había dado, y con el tiempo eso le permite acceder a un trabajo en otro país, mejor pagado que el que tenía.
Es un caso real, es bueno, y es exactamente el tipo de material que una entidad social necesita y casi nunca tiene.
También es el tipo de material más fácil de estropear, y merece la pena explicar cómo se estropea.
El caso, y por qué es útil
Sirve por tres razones distintas, y conviene distinguirlas:
- Demuestra un mecanismo. No es magia: es exposición intensiva a un idioma en un contexto donde hay que usarlo de verdad. Eso explica por qué funciona y por qué no lo consigue una academia.
- Da una consecuencia comprobable. Un empleo concreto en un lugar concreto. No «mejoró sus competencias»: algo que ocurrió.
- Se puede enseñar. Una persona contándolo con su cara y su nombre vale más ante una junta directiva o ante una familia que cualquier informe.
La trampa: de un caso a una promesa
Y aquí llega el error, que es tan común que casi no se ve.
De «una persona mejoró su idioma en nuestros proyectos y consiguió un trabajo mejor» se pasa, sin darse cuenta, a «nuestros proyectos mejoran la empleabilidad de las personas jóvenes».
La primera frase es un hecho. La segunda es una afirmación general que necesitaría datos que probablemente no tenéis.
Un caso demuestra que algo es posible. No demuestra que sea probable. Y toda la credibilidad de una entidad se juega en esa distinción.
Por qué importa, más allá de la honestidad: porque quien lee memorias y solicitudes lleva años distinguiendo lo uno de lo otro. Y porque una promesa que no se cumple con la siguiente persona os la van a recordar. En este sector, la reputación se construye despacio y se pierde en una frase de más.
Cómo se cuenta un caso sin exagerarlo
Cuatro reglas, y con las cuatro puestas un caso individual se convierte en una prueba sólida:
- Dad el denominador. «De las veinticuatro personas que participaron, seis han hecho una segunda actividad europea y una trabaja hoy fuera de España» dice mucho más y es mucho más creíble que «nuestros proyectos abren puertas». Y de paso, es un indicador.
- Decid el tiempo. No es lo mismo un resultado a los tres meses que a los tres años. Poner la fecha convierte una anécdota en un dato.
- No os atribuyáis lo que no es vuestro. Esa persona hizo mucho más que ir a vuestro intercambio. Decir que el proyecto fue una pieza es más verdad y, curiosamente, es más convincente.
- Contad también lo que no funcionó. «De las veinticuatro, ocho no volvieron a participar en nada» es información valiosa y os hace creíbles de golpe. Nadie publica esto en el sector, y por eso funciona tan bien cuando alguien lo hace.
Y cómo se recogen, que es lo que casi nadie hace
El problema de fondo no es cómo contar los casos: es que la mayoría de las entidades no los tienen porque nunca los recogieron.
El resultado interesante casi nunca ocurre durante la actividad. Ocurre seis meses, un año o tres años después. Y para entonces, si nadie preguntó, se ha perdido.
Lo que funciona y no cuesta casi nada:
- Un mensaje a los tres meses con dos preguntas: qué has hecho desde entonces relacionado con aquello, y si le recomendarías la experiencia a alguien.
- Otro a los doce. Aquí es donde aparecen los resultados de verdad.
- Una fecha en el calendario y un nombre. Esta es la parte que falla. Sin responsable y sin fecha, el seguimiento no lo hace nadie.
Y algo que ayuda más que cualquier formulario: mantened el grupo de mensajería vivo. Ahí es donde la gente cuenta lo que le va pasando sin que nadie se lo pregunte, y donde os vais a enterar de la mitad de los casos buenos.
Qué hacer con esto ante una junta
Si vais a defender la línea europea de vuestra entidad, la estructura que funciona es esta, y en este orden:
- El dato agregado primero. Cuántas personas, cuántas repitieron, cuántas se implicaron después en la entidad.
- El caso después, como ilustración de lo anterior. Con nombre y con permiso.
- Lo que no funcionó, dicho por vosotros antes de que lo pregunte nadie. Es lo que hace que se crean los dos puntos anteriores.
- Lo que cuesta, en horas de equipo, no en euros. Porque el dinero lo pone el programa y las horas las ponéis vosotros, y eso es lo que la junta necesita aprobar.
Un apunte final sobre el idioma, ya que el caso va de eso: lo que hizo que esa persona mejorara no fue estudiar más. Fue tener que usar el idioma durante semanas seguidas con gente que no hablaba el suyo. Si en vuestra entidad hay alguien atascado con el inglés, mandarle a un curso de formación europeo probablemente le haga más que un año de academia. Y está financiado.
Preguntas que nos hacen sobre esto
¿Podemos decir que nuestros proyectos mejoran la empleabilidad?
Solo si podéis sostenerlo con datos propios. Decir que una persona concreta consiguió un trabajo después de participar es un hecho; decir que el proyecto mejora la empleabilidad es una afirmación general que necesita evidencia.
¿Cuántos casos hacen falta para poder afirmar algo?
No hay un número mágico, pero sí una regla honesta: dad siempre el denominador. «Seis de veinticuatro» dice mucho más que «varias personas», y además se puede comprobar.
¿Se puede usar un caso individual en una solicitud?
Sí, y funciona bien como ilustración de una necesidad o de un resultado, siempre que esté acompañado de datos agregados y que la persona haya dado su consentimiento.
¿Cómo se hace un seguimiento a los meses de acabar?
Con algo sencillo y sostenible: un mensaje a los tres y a los doce meses con dos o tres preguntas. La clave no es el instrumento, es que alguien tenga la tarea asignada y una fecha en el calendario.
El paso que puedes dar hoy sin nosotros
Escribid a tres personas que pasaron por alguna actividad vuestra hace más de un año y preguntadles una sola cosa: «¿qué has hecho desde entonces que tenga algo que ver con aquello?». Las respuestas, con su denominador delante, valen más que cualquier folleto.
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