Ejecutar el proyecto

Las siete fases de un KA152, y dónde se pierde el dinero

Un intercambio juvenil no se gana el día que os lo aprueban. Se gana en dos momentos aburridos: cuando decidís quién coordina y cuando recogéis los datos de los participantes. Esto es el ciclo entero, fase por fase.

La respuesta corta

Un KA152 tiene siete fases y solo una se ve desde fuera. Las que deciden si el proyecto se sostiene son la primera (quién coordina) y la sexta (qué datos de participantes tenéis antes de reembolsar). Si esas dos están bien, el resto es trabajo. Si están mal, el informe final se convierte en perseguir a veinticinco personas que ya no contestan.

Hay una asimetría incómoda en los proyectos europeos: lo que decide si un proyecto se sostiene no es lo que se ve. Lo que se ve es la semana de actividad, las fotos, los veinticinco chavales. Lo que decide es una hoja de cálculo, un formulario que se pasó a tiempo y una conversación que alguien tuvo con la Agencia Nacional en marzo.

Esto está escrito para una entidad que ya ha hecho al menos un proyecto y sospecha que salió bien por suerte. La sospecha suele ser correcta. Lo que sigue es el ciclo completo de un KA152 —el intercambio juvenil— con los dos puntos exactos donde una entidad pierde dinero sin darse cuenta.

Las siete fases, en una pantalla

Nadie os lo cuenta junto, y por eso cuesta anticiparse. Son siete, y solo la sexta se ve desde fuera:

  1. Ideación y escritura. Una o dos semanas de lluvia de ideas, elegir socios y cuadrar lo que queréis hacer con lo que el programa puntúa.
  2. Solicitud. Revisar, adjuntar y enviar.
  3. Evaluación y resolución. Aquí no dependéis de vosotros. Se tarda, y se tarda más de lo que os han dicho.
  4. Contratación y financiación. Firmar el convenio de subvención y la aceptación. Si no hay incidencias, el dinero llega en una o dos semanas.
  5. Preparación. Unos tres meses antes: fechas, alojamiento cerrado, call for partners y los socios buscando participantes.
  6. Implementación. La actividad.
  7. Cierre y reporte. Reembolsos, informe final y el último pago.

Una distinción que separa a quien ha hecho tres proyectos de quien ha hecho uno: proyecto y actividad no son lo mismo. La actividad son los días que dura el intercambio. El proyecto es todo el ciclo, desde que se os ocurre hasta que la Agencia Nacional cierra el expediente. Y un proyecto admite más de una actividad, aunque casi nadie lo aproveche.

Fijaos en dónde está el tiempo real. Entre la fase 2 y la fase 4 pueden pasar meses en los que no hacéis nada y no sabéis nada. Planificar contando con ese silencio es la mitad del trabajo.

El método de los doce talleres

Esta es la regla de diseño más útil que hemos visto, y cabe en dos líneas. Un intercambio de siete días no tiene siete días de contenido:

  • Un día se va en llegadas, y se llena con dinámicas de conocimiento.
  • Un día se va en cierre: Youthpass, logística de vuelta y alguna actividad de difusión sobre el propio programa.
  • Un día suele dejarse libre, o para una visita cultural, o para trabajar competencias transversales.

Quedan cuatro días útiles. A tres actividades por día, son doce talleres. Eso es un proyecto. No más, y tampoco menos.

Saberlo cambia la conversación de diseño entera: en vez de discutir sobre un tema abstracto, os sentáis a llenar doce casillas. Y cuando llegue el formulario, ese calendario ya está escrito — porque la solicitud os va a pedir exactamente eso, día por día.

Cruzar dos temas en vez de defender uno

Un truco que funciona y que no es un truco: en lugar de presentar un proyecto sobre un solo asunto, cruzad dos. Sostenibilidad y deporte. Deporte e integración social. Deporte y bienestar mental. Se consigue tres cosas a la vez: salen más ideas de taller, el proyecto deja de parecerse a los otros doscientos de la convocatoria, y encaja con más de una prioridad del programa sin forzar nada.

Los cinco roles, y por qué el coordinador decide todo

Un KA152 se sostiene sobre cinco funciones. No hacen falta cinco personas —con tres se monta, solapando— pero sí hace falta que cada función tenga un nombre puesto por escrito:

  • Facilitación líder. Diseña y conduce las actividades.
  • Facilitación de apoyo. Nunca va sola: dos personas facilitando es el mínimo real.
  • Logística. Viajes, alojamiento, materiales, transportes en destino.
  • Coordinación. Habla con la Agencia Nacional, habla con los socios, gestiona participantes y suele llevar también las finanzas.
  • Escritura. Redacta la solicitud al principio y cierra el informe final al final. Las dos cosas, y por eso conviene que sea la misma persona.

De los cinco, el que decide el resultado es la coordinación. No por tiempo: por criterio. Si esa persona sabe entenderse con la Agencia Nacional, un problema se resuelve en dos mensajes. Si no sabe, empiezan a caerse los pilares a la vez: los participantes llegan mal, los números no cuadran, el equipo no está alineado y aparecen fuegos por todas partes.

Si al escribir los cinco nombres os sale el mismo tres veces, no tenéis un problema de reparto. Tenéis un riesgo de continuidad: el día que esa persona se ponga enferma o se vaya, el proyecto se para.

Nadie compra un vuelo sin que vosotros lo aprobéis

Este es el control más barato y el que más disgustos evita. La regla se anuncia el primer día, en mayúsculas y sin matices: quien compre un billete sin aprobación previa, no cobra el reembolso.

El procedimiento es simple. Cada participante manda su itinerario con cuatro datos —presupuesto, escalas, aerolínea y horarios— y espera. Vosotros aceptáis o rechazáis. Y con eso se cortan de raíz tres cosas que arruinan presupuestos:

  • Quien llega tres días antes y da por hecho que se le paga el viaje entero.
  • Quien hace una escala absurda que multiplica el coste.
  • Quien se pasa del importe de su banda de distancia y luego pide que se le cubra.

Se gestiona mejor en un grupo único donde estén todos los participantes, sin correos sueltos. Un canal, un mensaje, todo el mundo enterado a la vez. Y aun así se cometerán fallos: aceptar a alguien que aterriza dos horas antes de empezar en un aeropuerto que está a tres horas del sitio es un clásico. La regla no elimina los errores, elimina el ruido para que los errores se vean.

El mismo criterio vale para el traslado en destino. Si el lugar es accesible desde una estación grande, se manda a todo el mundo al mismo punto y se les da el itinerario. Si estáis en mitad del campo, os toca contratar un autobús y recogerlos. Lo que no funciona nunca es que cada uno llegue por su cuenta a un sitio distinto.

El error que se paga en el informe final

Aquí es donde se pierde dinero de verdad, y es un error de calendario, no de gestión.

El informe final os va a pedir datos individuales de cada participante: nombre, apellidos, fecha de nacimiento, país, y bastante más. Si esos datos no los recogisteis antes, tendréis que pedírselos a veinticinco personas que hace tres semanas que volvieron a su vida y no contestan.

Y aquí está la frase que conviene apuntar en algún sitio:

La única palanca que tenéis para que un participante os mande un documento es que aún no le hayáis pagado. Si ya le habéis reembolsado, olvidaos.

La solución cuesta una tarde y se hace antes de que llegue nadie: un formulario único que rellenan todos los participantes —los vuestros y los de los socios— con los datos que pedirá el informe final, más las alergias y las dietas, más unas preguntas abiertas de motivación.

Ese formulario hace cuatro trabajos de golpe:

  1. Rellena el informe final por copiar y pegar, en vez de por persecución.
  2. Os deja filtrar sin saltaros al socio: él selecciona, vosotros tenéis el veto razonado.
  3. Os permite pedir equilibrio de género y presencia de personas con menos oportunidades con un criterio, no de palabra.
  4. Os dice quién viene antes de tenerlo delante: quién domina el idioma, quién ha estado en proyectos, quién escribe cinco líneas de motivación y quién escribe cinco párrafos.

Lo mismo vale para las facturas. Control de asistencia diario, acuerdos de aprendizaje firmados y cada factura guardada en su carpeta, desde el día uno. Si un día os preguntan dónde está cada euro, la respuesta tiene que ser abrir una carpeta, no reconstruir un año.

Reembolsar a las personas o a las entidades socias

Hay dos formas y no son equivalentes.

Reembolso directo a cada participante. Veinticinco personas son veinticinco transferencias. Y si vienen de fuera de la Unión Europea —los países vecinos con los que trabaja esta acción— aparecen comisiones que nadie ha presupuestado.

Reembolso a las entidades socias. Cinco socios son cinco transferencias grandes. Es más limpio y más rápido, pero cada error es más caro. Se resuelve con un documento firmado por cada entidad en el que constan sus datos bancarios: si los datos vienen mal de origen, el problema es suyo; si os equivocáis al transcribir, es vuestro. Suena burocrático y lo es. También es lo que os deja dormir si alguien pregunta.

Y una cosa que casi nadie presupuesta: el seguro. Responsabilidad civil de la entidad siempre, y un seguro de accidentes aunque todo el mundo sea mayor de edad. Cien o ciento cincuenta euros en un presupuesto de decenas de miles no se notan, y evitan que un tobillo roto un martes por la tarde se convierta en el problema del proyecto.

Cuándo cobráis de verdad el último tramo

Esta es la parte donde conviene ser honesto, porque la diferencia entre lo que pone el papel y lo que pasa es grande.

El convenio fija un plazo para que la Agencia Nacional procese vuestro informe final y pague el tramo pendiente. En la práctica, ese plazo se estira: hay casos de más de un año. Antes de pagar, os escribirán para pedir el documento que falte y para ajustar números.

Dos consecuencias prácticas, y las dos son de tesorería:

  • No contéis con ese dinero para financiar la actividad siguiente. Si vuestro calendario depende de cobrar el cierre del proyecto anterior, tenéis un problema de caja esperando a ocurrir.
  • Guardadlo todo. La obligación de conservar la documentación se cuenta desde el último pago, no desde que acaba la actividad. Y no es el mismo plazo para todos los importes: comprobad cuál os aplica en la ficha de datos de vuestro convenio, que es donde está escrito.

Sobre escribir el formulario con inteligencia artificial

Merece una línea, porque el vídeo lo trata y porque la pregunta sale en todas las conversaciones. La comparación que usa Jesús es buena: una IA es una grúa. No le podéis pedir que construya la casa, pero levanta mucho peso y lo pone arriba. Con ella, un formulario que antes llevaba una semana larga se puede dejar escrito en tres o cuatro tardes.

Lo que no cambia es de quién es la responsabilidad. Quien firma la declaración de honor sois vosotros, y la revisión humana no es opcional. Sobre lo que dice la normativa al respecto conviene ser exacto: hoy no existe ninguna norma de Erasmus+ que regule el uso de IA para redactar solicitudes. Ni la prohíbe ni la autoriza. Quien os diga cualquiera de las dos cosas está afirmando de más.

Preguntas que nos hacen sobre esto

¿Cuándo se cobra el último tramo de un proyecto Erasmus+?

El convenio fija un plazo desde la presentación del informe final, pero en la práctica se estira: hay casos de más de un año. Conviene no contar con ese dinero para financiar la actividad siguiente.

¿Cuántas personas hacen falta para llevar un intercambio juvenil?

Hay cinco papeles —facilitación líder, facilitación de apoyo, logística, coordinación y escritura— y se pueden solapar. Con tres personas se monta, siempre que cada papel tenga un nombre asignado.

¿Qué es el método de los doce talleres?

Una regla de diseño: en un intercambio de siete días, un día se va en llegadas, otro en el cierre y otro suele ser libre o de visita. Quedan cuatro días útiles, a tres actividades por día. Doce talleres es el contenido real de un proyecto.

¿Cuánto tiempo hay que conservar la documentación del proyecto?

El plazo se cuenta desde el último pago, no desde el final de la actividad, y no es el mismo para todos los importes. El que os aplica está en la ficha de datos de vuestro convenio de subvención.

¿Se puede reembolsar a las entidades socias en vez de a cada participante?

Sí, y con grupos grandes suele ser más limpio: menos transferencias y menos comisiones, sobre todo con socios de fuera de la Unión. Requiere un documento firmado por cada entidad con sus datos bancarios.

El paso que puedes dar hoy sin nosotros

Coged el último proyecto que hayáis hecho o el que tengáis en la cabeza y escribid en un papel quién ocupa cada uno de los cinco roles. Si un nombre aparece tres veces, ya sabéis dónde está el cuello de botella — y eso os sirve aunque no presentéis nada este año.

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